Por Myrna R. Otaño-Vega / Especial El Nuevo Día – La Fierte
Cuando estamos con alguien que nos atrae siempre nos hacemos la misma pregunta: ¿habrá química entre nosotros?
Pues no hay nada más cierto. Estudios recientes demuestran que existe una relación entre la respuesta neuronal y el atractivo físico del hombre o de la mujer. La forma en que se responde a este atractivo físico o estímulo visual, se debe a nuestro sistema olfativo, que puede percibir alrededor de 50,000 olores diferentes y, junto al sistema gustativo puede llegar a diferenciar cientos de sabores.
Estos sistemas en conjunto desencadenan una serie de respuestas en el sistema nervioso que pueden aumentar o disminuir la atracción física entre las parejas. Entre las respuestas neurológicas más interesantes se encuentra la producción o secreción de feromonas.
Probablemente todos estamos familiarizados con la palabra “hormonas” pero no con el término de “feromonas” el cual se deriva del griego “pherein” que significa cargador y “hormon” que significa excitar o estimular.
La diferencia entre las hormonas y las feromonas estriba en que las hormonas se producen en un organismo y son utilizadas por él para varias funciones.

Por el contrario, las feromonas actúan sobre otros miembros de la misma especie. Se conoce que, en los animales, a las feromonas se les atribuye responsabilidad sobre comunicación, atracción sexual, mecanismos de alarma, señales utilizadas para establecer territorios y rastros y también para marcar nidos o madrigueras. Recientemente se ha estudiado que estas sustancias químicas hormonales sin olor son secretadas también por el cuerpo humano, y afectan el comportamiento psicológico o sexual a nivel inconsciente.
Las feromonas son percibidas por una región en el sistema olfativo conocido por el órgano vemeronasal o el órgano de Jacobson, ubicado en el hueso vómer entre la nariz y la boca. Dentro de este órgano se encuentran pelillos sensoriales capaces de detectar cualquier sustancia química en especial, las feromonas.
Los principales productores de las feromonas humanas son las glándulas apocrinas situadas en las axilas y la región púbica. Las glándulas apocrinas se desarrollan en el embrión, pero se vuelven funcionales sólo con el inicio de la pubertad. En la maduración sexual, estas glándulas producen secreciones esteroidales derivadas de androstenona y androstenol, ambos ligados al sentido de excitación, atención romántica, confianza y receptividad sexual.
Receptividad sexual
Varios estudios confirman cómo el cuerpo responde a los efectos producidos por las feromonas. Por ejemplo, Grammer publicó en una revista europea de ginecología un estudio donde utilizó 290 mujeres para demostrar que no sólo las mujeres que viven juntas sincronizan su ciclo menstrual sino que éste puede controlar la receptividad sexual.
Entre los resultados se encontró que durante las fluctuaciones en el ciclo menstrual de la mujer, la composición de ácidos grasos en los fluidos vaginales varía. Durante la ovulación, el olor percibido es más intenso y menos placentero pero este olor aumenta la secreción de andrógenos en los hombres y por consiguiente, su olor corporal cambia.
Sin embargo, y a pesar de que los resultados sugieren que usualmente el olor del cuerpo masculino no es placentero, durante el periodo de ovulación las mujeres encuentran placentero el olor producido por la andostenona.
Ésta es una feromona secretada mayormente en la axila masculina y es asociada a la excitación y receptividad sexual femenina. Interesantemente, la percepción del olor corporal masculino cambia durante la ovulación cuando las posibilidades de concepción son mayores haciendo más intenso el encuentro sexual.
Derramar lágrimas es sólo otra manera en la que las feromonas y el lenguaje corporal pueden utilizarse para comunicar un impulso nervioso o una respuesta visual. Tan reciente como en enero de 2011, la revista Science publicó que las mujeres tienen un “arma” que “desarma” a los hombres.
Para muchas personas, una mujer cuya expresión facial es triste se vuelve más nostálgica cuando las lágrimas brotan de sus ojos. Sin embargo, esto va más allá de una mera expresión facial. Las lágrimas contienen feromonas que producen un efecto adverso en la libido masculina.
Según éste estudio, los hombres participantes no lograron diferenciar, mediante su olfato, entre lágrimas o agua salina. Sin embargo, las imágenes de resonancia magnética nuclear funcional (RMNf) mostraron que la intensidad de las regiones del cerebro que responden normalmente a estímulos visuales eróticos disminuyó cuando éstos estaban expuestos a las lágrimas.
Además, la respiración, las palpitaciones, la temperatura corporal y los niveles de testosterona también decayeron indicando una disminución en la excitación sexual. El estudio también reafirmó que por los cambios hormonales durante la menstruación, la mujer llora más. Curiosamente y siguiendo el ejemplo anterior, durante este periodo la probabilidad de concebir es baja, y eso tiene mucho sentido, puesto que es una señal de que la actividad sexual es inadecuada.
Nuestros sentidos no se equivocan: no existe otra persona que huela como él o como ella; no existe la misma química entre las parejas pero, definitivamente, es “QUÍMICA”.
(La autora es estudiante graduada de Química Orgánica y secretaria de la Sociedad Americana de Química – Sección local de PR)
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